Ya despierta la nostalgia,
ya sin sueños, recorro el frío de la mirada,
los suspiros afilados sangrando adolescencias.
Entre cláusulas del silencio,
en la terrible soledad donde no me arrepiento,
nombrarla es mi espejismo, la salvación del otro.
He vuelto a renegar de los misterios
y del amor de mi madre si es que acaso lo hubo.
Las paredes son fuertes y mis brazos débiles,
todo en mí es arrodillarme hacia la voluntad de otro.
Sería necesario prescindir de Dios,
iniciar la ceremonia de los cuerpos
y agotarme en días que ya no me pertenecen.
Quizás golpeando puertas
pueda golpear más de un corazón,
la misma ira que doblega y oscurece
los caminos donde acaso voy.
He sido un muchacho jugando a las rarezas,
ya no regresaré a los días de pasear del brazo,
o acurrucarnos bajo las ramas tibias del atardecer.
Sé que mis ancianas manos un día rozarán tus pechos,
un día ya sin merecerlo aunque te pida perdón.
Hubo un hombre y un padre,
también una madre loca,
todos en un mismo juego donde yo era la carta.
He apostado del lado que perdió,
pero darme cuanta de nada sirve.
En los lugares donde rezo
la oscuridad es un barrote,
he matado al otro,
he matado al muchacho que soy.
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Desde ayer las preguntas se divierten o se cierran al impulso de frutos polvorosos o de islas donde acampan los tesoros que la rabia esparce
J. Lezama Lima
J. Lezama Lima
miércoles, 28 de mayo de 2008
La vida despierta en ardides sobre mí
Publicado por pesias del corazon en 11:16
Etiquetas: La vida despierta en ardides sobre mí
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